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El enigma de la Bonarda

25/03/2007

Mis primeros Bonarda fueron el Nieto Senetiner, que por pétreo e infranqueable me impresionó pero no me llegó a decir nada, y el Colonia Las Liebres en su versión 2003 que no me encantó pero tenía la virtud de la originalidad. Parecía un vino del centro o norte italiano en los que la expresión frutal es contenida y la acidez marcada.

¿Pero de dónde salió esta uva? La Bonarda llegó a Argentina con un grupo de cepas italianas como Dolcetto, Grignolino, Moscato y Barbera, siendo confundida con esta última por mucho tiempo, hasta que en los sesenta se determinó su particularidad. En Italia hay varias uvas con ese nombre pero no fue hasta 1970 cuando el ampelógrafo francés P. Truel determinó, durante un viaje a Mendoza, que era idéntica a una antigua variedad francesa, la Corbeau Noir, cuyo significado “cuervo negro” habla de sus características cromáticas. Esta uva se conoce en California como Charbono.

Después de ser usada para vinos masivos con el único objetivo de sacar provecho de su vigor y productividad, la Bonarda ha resucitado . Hoy se sabe que con un buen trabajo en el viñedo se pueden conseguir vinos de calidad.

Gastronomía
Por las características de acidez, amargor, rusticidad y frutos rojos en distintos grados de expresión consideramos que armonizarán muy bien con algunos clásicos de la comida italiana: lasaña de carnes, vittello tonnato, pizza de bresaola y arúgula o de anchoas y hasta bagna cauda. También con el Carpaccio al Wasabi de Bohemia, Emincé de Ternera con Rosti del Club Suizo, Arroz con Calamares en su Tinta del Alfresco y algunos quesos de cabra. Y ¿Por qué no? con Lomo Strogonoff o adobos arequipeños.

Cata a ciegas
Para conocer más de esta variedad novedosa organizamos una cata a ciegas cuyos resultados, a nuestro entender, fueron (precios en soles. 1 dólar= 3.17 soles):
Valbona Reserva 2003, San Juan: Rubí ribete claro, capa media baja. En la nariz musgo, betún, algo mineral y poca fruta. Ha pasado su mejor momento pero conserva dignidad. S/. 44
Chakana Reserva 2004, Mendoza: Capa media nariz evidencia presencia de la madera lo que normalmente seduce. Tal vez el Bonarda menos típico, más estandarizado con un estilo anónimo. En la copa vacía seguían sintiéndose los efluvios de especias dulces S/. 48
Alamos Bonarda 2004, Mendoza: Color rubí de capa media. En nariz sensaciones terrosas, con cierta complejidad y peso en la boca. De lo mejor de la línea Álamos. S/ .44
Colonia Las Libres 2006 Mendoza: Nariz casi golosa. Recuerdos de fresa madura y especias provenientes de la fruta misma y la fermentación. En la boca hay acidez, el amargor dulce del regaliz y más frutos rojos. Un paso de boca placentero. Equlibrado. S/. 31.00
Colonia Las Libres 2004 Mendoza: nariz expresiva con fruta roja. Algún certero catador detectó aceitunas. Taninos secantes y final corto. S/. 31.00

Pero también la encontramos (y tal vez ésta sea su real vocación) combinada con otras uvas en vinos singulares como el exótico Críos Syrah-Bonarda o el cautivante Mora Negra en el que interviene en un 30% de la mezcla con Malbec. No debemos aspirar a encontrar un gran vino con Bonarda o forzarla a alcanzar cotas para las que no nació. El gran mérito será que vuelva a hablar su propio idioma, descubrir su singularidad y el carácter que la distinga.

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