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La Torrontés, una chica criolla

08/03/2007

Más allá de que la Malbec sea la uva bandera, hay otra cepa que representa más profundamente lo argentino. Menos trascendente en el mundo pero tan aborigen como el matambre. La eterna telonera es la más auténtica.
La historia del Torrontés se debe parecer a muchas de amor en Argentina. Por años se le vinculó con su homónima española pero ya los últimos estudios ampelográficos han desvelado la verdad, que cual secreto de telenovela pudo haber estado siendo ocultado.

Con la conquista de América los españoles llevaron la uva Misión (muy discreta en calidad para vinos finos), que en Argentina llamaron Criolla Chica. Unos siglos después con la inmigración italiana llegó la más afamada Moscatel de Alejandría y una mezcla de ellas produjo la Torrontés. Ya no se sabe si se engendró como producto de escarceos en el viñedo entre uvas confundidas en un mismo cuartel o in vitro por el arte algún genetista visionario. Pero el cruce de estas uvas es el que determinó el nacimiento de una variedad que vio la luz en tierras gauchas. La enérgica española conquistó al italiano aventurero y nació una linda criolla.

Todavía los argentinos miran con desdén a su propia uva y no creen que tenga gran potencial. Le reconocen un carácter particular pero la sienten demasiado folclórica y sospechan que el gusto por ella es un mero atavismo. Algo como lo que pasó con el cebiche en el Perú, que hace 25 años no era común en las mesas de las clases pudientes y hoy nos atrevemos a exportarlo.

La Torrontés tiene un perfil organoléptico que la emparenta con las Moscateles por vínculos de sangre y con la Gewürztraminer por afinidad aromática. El olor a pura uva (como el de nuestra pisquera Italia) de la primera y el exotismo de la segunda expresado en especias, flores blancas y frutas como la chirimoya. La corriente estilística actual tiende a ocultar su lado más rústico, tratando de dejar aromas más limpios y perfumados sin perder su exuberancia.

Gastronomía
Estos vinos acogen con soltura los aromas y picor del kion (gengibre) lo que los convierte en un excelente acompañante en una barra de sushis, makis y sashimis. Funciona también con platos de la cocina Nikkei (Conchas de Costanera 700) y de otras cocinas orientales. Entre los platos peruanos podríamos escoger un ají de gallina (con gallina y buen ají), una pachamanca con carnes blancas, chichulines del Pepe’s de Lince o una Ocopa en “El Rocoto”. Curiosamente también complementa muy bien un plato de frutas como peras, duraznos y manzanas.
Finalmente, regó muy bien un tapeo italo-peruano-argentino en el Mávery, donde hicimos una divertida y esclarecedora cata comparativa.

Cata
Vinecol 2005, Mendoza: vino orgánico. Nariz expresiva, aunque fugaz. Chispeante, divertido y un final amargo. S/. 38
Empanadas de cangrejo y de ají de gallina.
Fantasía 2005 de Mauricio Lorca, Mendoza: denso y graso pero desequilibrado y sin una tipicidad clara. Correcto. S/ 30
Pastel de choclo
Yachochuya 2006, Salta: buen enfoque, equilibrado, paso aterciopleado, cierta grasitud y embriagante fruta blanca. S/ .60
Empanadas de langostinos y de pollo con champiñones
Críos 2006, Salta: un vino que demostró cierta complejidad y un final con una acidez positivamente pronunciada. S/. 42.50.
Pizza frita caprese.

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7 comentarios leave one →
  1. nopisto permalink
    09/03/2007 6:54 PM

    Muy interesante Carlos, ultimamente hemos estado combinando platos vietnamitas y tahilandeses con torronteses argentinos y van de perlas.

    No se si te acordarás, pero nos conocimos hace unos años en una inolvidable cena de barolos en Madrid.

    Un saludo

  2. CarlosdePiérola permalink
    09/03/2007 9:04 PM

    Gracias nopisto. Esa cata fue un lujo. Pero sólo con tu “nick” no alcanzo a deducir quién eres. Ya me enteraré.

    Estos son los vinos que probamos ese día:

    Blanco de entrada
    Cadet 2001 Bruno Rocca. Langhe chardonnay

    Barolo de Barolo
    Cannubi San Lorenzo 98 Camerano
    La Volta 97 Cabutto Tenuta La Volta
    Brunate-Le Coste 97 mágnum Beppe Rinaldi
    Barolo de Verduno
    Vigneto Monvigliero 97 G.B. Burlotto
    Barolo de Castiglione Falletto
    Rocche 98 Rocche di Brovia
    Carobric 99 Paolo Scavino
    Barolo de La Morra
    Brunate 99 Mauro Sebaste Enólogo
    Brunate 99 Roberto Voerzio
    Barolo de Serralunga
    Ottin Fiorin 97 Cappellano
    San Rocco 98 mágnum
    Barolo de Monforte
    Cicala 98 Poderi Aldo Conterno
    Ciabot Mentin Ginestra 98 Clerico
    Runcot 98 mágnum Elio Grasso
    Para los postres
    Valdenrico 99 Rovellotti 37.5 cl ( Greco del novarese)
    Nepas 99 500cl Alessandro e Gian Natale Fantino (Nebbiolo Passito)
    Casorzo Passito 37.5 Accornero ( Malvasía de Casorzo)

    Saludos,

  3. nopisto permalink
    10/03/2007 3:53 AM

    Y te falta un estupendo pisco con el que rematamos la faena.

    Un saludo

    Nopisto/Rogelio

  4. CarlosdePiérola permalink
    10/03/2007 8:29 AM

    Ahora sí Rogelio.

    Pues sí nopisto probamos un Tres Generaciones Mosto Verde.

    Hasta pronto,

    Carlos

  5. Sobre Vino permalink
    12/03/2007 8:27 AM

    Menudo lujo de cata de barolos. Soy un enamorado de la región y sus vinos, aunque me falta muuuucho por aprender de ella.

    Nopisto (si me lees): ¿Qué torrontés(es) de los que llegan a España recomendarías?

    Un saludo,

    Sobre Vino

  6. manuel permalink
    01/06/2007 11:04 AM

    Hola Carlos,

    Lo de “Iberoamérica en Cata” me trajo a tu blog y la verdad es que me interesó muchísimo tu entrega sobre la torrontés. Ha sido una variedad que he defendido durante muchos años–al menos desde principios de los noventas, cuando por vez primera vez dí con los de Etchart. Me parecía que en sus mejores manifestaciones, era una uva que daba todo lo bonito de la gewurztraminer sin el sufrimiento glicérico-alcohólico de muchos gewurz. Y vamos, que si querías algo exótico, daba gusto por lo a buen precio que se conseguían torrontés por ahí.

    En aquella época me hice a la idea de que en Cafayate esta variedad encontraría su plenitud y saltaría al estrellato internacional de mano de producotres ocnscientes de sus virtudes y de las de la tierra.

    Sin embargo, en un viaje a Argentina hace tres años me llevé una desgradable sorpresa: Encontrar torrontés en las cartas de vino de Buenos Aires era difícil y, si preguntabas a profesionales del vino o consultabas las principales revistas argentinas sobre el tema, te parecía que el futuro era de variedades internacionales y no especialmente encantadoras en sus ejemplos argentinos como la chardonnay o la sauvignon blanc. Incluso llegaron a decirme que había elaboradores deshacindose de torrontés para replantar con chardonnay, sauvignon, y en un par de casos, viognier.

    La verdad es que me partió el corazón lo que noté como un rechazo de una variedad que debiera dar tanto orgullo a los argentinos como la malbec. O quizás hasta más, porque son muchos los malbecs mendocinos perfectamente anónimos con los que me he cruzado y, sin embargo, son muy pocos los torrontés que me hayan dejado indiferente.

    A ver si le creamos un mercado…

    Saludos y felicidades por este excelente blog.

    Manuel Camblor

  7. CarlosdePiérola permalink
    01/06/2007 12:22 PM

    Muchas gracias Manuel. Yo por mi parte leo asiduamente y disfruto “La otra botella”.

    Sobre los Torrontés no sé si seguirlos difundiendo. Después se dan cuenta, se nos ponen fashion y no podremos seguirlos comprando a los modestos precios actuales.

    Saludos,

    Carlos

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