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Indígenas italianas

13/09/2006

Decidimos hacer esta cata “a botella vista” ya que nos enfrentábamos a tres vinos poco usuales. Era mejor acercarnos a ellos de manera conciente, con los sentidos alertas para aprender, más que para juzgar.

El término indígena no es patrimonio de la India ni de pueblos de determinadas zonas o razas. Viene del latín “nacido en” y la uvas de los vinos que probamos son naturales de Italia. El primero con la uva Montepulciano de la provincia de Las Marcas , el segundo de la Umbria con la cepa Sagrantino y el último un siciliano a base de la casta Nero d’Avola con un 30% de Cabernet Sauvignon.

Grosso Agontano Rosso Conero DOC 2002 – Garofoli: La nariz de este vino nos puso los pies en Italia. Desde la costa adriática nos llegan aromas muy originales como la canela y miel con cereales: También recuerdo de cola (de Coca Cola). En la boca el vino revela que está en un momento óptimo de su evolución, con taninos turgentes, sabrosa frutosidad y buena acidez.
Salame Italiano
 Collepiano Sagrantino di Montefalco DOCG 2001 – Arnaldo Caprai: Había leído mucho sobre este mítico productor de la Umbria, que revolucionó la forma de tratar la uva Sagrantino. El Collepiano nos cautivó por su elegancia y gran presencia en nariz, donde encontramos aromas muy distinguidos y en equilibrio: frutos negros, tostados finos y cuero. En la boca la experiencia táctil sola es placentera: el líquido avanza denso pero fresco, con cuerpo pero ágil. Es envolvente y se siente una fruta en un grado perfecto de madurez y unos taninos elásticos para disfrutar el vino hoy, con la certeza de que en un tiempo nos dirá algo que todavía oculta.
Croquetas de rissoto con mozarella
Tancredi Contessa Entellina DOC 2002 – Donnafugata Comenzó con mucha reducción para después desplegar aromas tostados y de frutos ácidos. La boca está marcada por la acidez, es cálido y el final un poco etéreo. Vino original pero falto de equilibrio.
Bruschettas varias, destacando la de portobellos y marscarpone.

Estos vinos no son baratos (entre US$ 30 y US$ 65) pero en ese nivel de precios encontramos algunos neovinos de bombos y platillos, con muchos puntos y sin alma, que se avergonzarían de compartir la mesa con estos ejemplares.

Después de esta experiencia confirmo una vez más que en el vino la meta es el camino y que mi vino preferido no es el que nunca voy a probar sino el próximo.

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